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El deporte más bonito del mundo

Passo San Boldo

El ciclismo es, sin ninguna duda, el deporte más bonito del mundo. Soy plenamente consciente de lo exagerada que parece esta afirmación. Sin embargo, me gustaría invitarte a un breve repaso sobre algunas de las razones que me empujan a decir algo tan contundente. Debo anticiparte que es posible que al final del artículo tu opinión haya variado sensiblemente.

En mi caso, pensar en el porqué de mi pasión por el ciclismo tiene un origen tan evidente, como poco original. Y es que, en honor a la verdad, soy uno más de la legión de aficionados que crecieron con Miguel Indurain. Si rebusco en el cajón de la memoria aquellos veranos de entre 1991 y 1995, aparecen el pañuelo amarillo de fiestas, el Tour de Francia, mi destartalada bicicleta BH, mi gorra del Banesto y las comidas en la vieja cervecera de Gervasio para celebrar el cumpleaños de mi padre. No bromeo si digo que me da más nostalgia un 16 de julio que unas Navidades siendo niño. Y es que se sumaban en una misma jornada el día grande de las fiestas patronales de mi pueblo (Virgen del Carmen), el cumpleaños de mi gran ídolo deportivo y el cumpleaños de mi padre. El contexto, además, se presta especialmente: verano y el momento álgido de la carrera ciclista por antonomasia, con mi ídolo destacado en plena competición.

Indurain Luxemburgo 1992
Indurain en pleno esfuerzo durante la «marcianada» en Luxemburgo – Tour de Francia 1992

Un niño de seis años ve a un ciclista de una clase semejante, que mantiene a su padre hechizado el día de su cumpleaños pegado frente a aquel televisor Grundig, sólo puede pensar en ser como Indurain. Y para ello, era imprescindible bajar a la Herriko Plaza tan pronto como acabase el Tour con la gorra del Banesto y el pañuelo amarillo a dar pedales en mi fantástica BH. Dando vueltas a «la Rana», uno sabía que estaba logrando la gesta de coronar el Tourmalet sentado, elegante y recio.

Para mí el ciclismo es una época irrepetible. Son cinco Tours consecutivos y aquella medalla de oro en Atlanta… Es el sabor de los mejores veranos que existen. Aquéllos propios de la infancia.

BH 80
«Deus ex machina»

Pero más allá del apartado meramente sentimental, la magia del ciclismo esconde en sus entrañas el gran caballo de Troya: la épica.

Pero, ¿qué épica puede esconder ver a unos sujetos dar pedales durante horas? Esta afirmación es algo a lo que cualquiera de los más entregados a la causa nos hemos enfrentado alguna vez. Sin embargo, es difícil de explicar. Así, tal y como terminaba el Tractacus: «de lo que no se puede hablar, hay que callar». Mejor guardo silencio y dejo que este famoso «meme» de Internet exponga el argumento.

Fingiendo
Dos actores profesionales

Y es que, imagina un deporte en el que sus protagonistas principales, por encima de cualquier otra circunstancia, lo único que quieren es finalizar la carrera. Es decir, ¿qué puede llevar a una persona completamente magullada (a veces con huesos fisurados o fracturas) y fatigada a querer correr en semejantes condiciones? Tanto así, que es una imagen muy habitual, la de los ciclistas preocupándose más de volver a su montura, que de su propia integridad o de lo que le dice el médico de carrera tratando de auxiliarlo con más ganas que éxito. Hay ocasiones en que esta locura alcanza el extremo de corredores con una evidente incapacidad suplicando a su director que les permita continuar en carrera.

Sin embargo, no creas que a los aficionados esto nos resulta extraordinario. En absoluto. Este comportamiento es lo normal. Tanto, que muchas veces el aficionado tiende a infravalorar caídas o percances menores en el desarrollo de la carrera. Y quiero prestar la debida importancia a este punto ya que esto nos lleva al siguiente elemento: el sadismo.

Sterrato Giro 2010
Basso y Nibali superando el Passo Montalcino – Giro 2010

Efectivamente. Este deporte es tanto más magnético cuanto más duras y terribles sean las condiciones que deben superar los corredores. Es lógico pensar que ésta es una de las cuestiones menos conocidas por los profanos. Pero, ¿imaginas coronar el Passo Stelvio a más de 2700 metros de altura, tras 24 kilómetros de ascensión, a una media del 7,4% de desnivel, con una temperatura de unos 4ºC y flanqueado por dos paredes de nieve? ¿Imaginas algo similar en Finestre, sólo que además el camino no esté siquiera asfaltado? Esos días son los que el aficionado espera con nervios. Los más entregados planifican durante meses un viaje, plan de subida, suministros… Pertrechados con lo puesto literalmente. Sin importar las penurias que van soportar durante la jornada. Todo para aguardar apostados en una cuneta el fugaz paso de sus ídolos. Horas de espera para regalar media hora de animosos gritos a cualquiera que pase por allí subido a una bicicleta.

Zoncolan 2018
Sobran palabras. Cima Zoncolan – Giro 2019

Finalmente, esto nos lleva a la meta. Lo que realmente hace que éste sea el deporte más hermoso que el ser humano ha inventado. El fanático al ciclismo no entiende de equipos o banderas. La sentencia anterior era literal. Cualquiera que pase frente a sus ojos con su montura de dos ruedas va a ser jaleado como un verdadero héroe. No es necesario siquiera saber quién es. Da igual. Puede estar penando para finalizar una etapa para el olvido con la mayor honra posible o estar perpetrando la gesta de su vida. Tampoco importa. Lo único relevante es disfrutar de su entrega. Sucede lo mismo con la victoria. Cuando una victoria es grande, gana el ciclismo, ganamos todos. Y como tal ha de ser debidamente celebrada. Disculpa que insista, lo único relevante es disfrutar de su entrega.

¿Es o no es el deporte más bonito del mundo?

Publicado en Fondo en carretera
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Carlos
Carlos
Invitado
2 meses antes

Bendita afición !!! Bendito deporte!!!